A solas con Huidobro (3)

En el viaje a Itaca
viajando por Chile (3)

Pasa el tiempo. Cambian las cosas con los años. La incesante juventud de Itaca se aleja y en esta isla ahora el viajero se detiene para mirar el horizonte circular de azules, sin determinar cuál es principio y donde se encuentra la frontera del término. A fin de cuentas, qué más da. La historia volverá con sus meandros, sus corrientes de aguas rápidas y sus aguas sosegadas de eneas y carrizales en los tramos bajos del río de las dudas, de las preguntas, de las posibles o imposibles respuestas, antes de entregarse a este mar que se abre en rutas infinitas para cerrar el laberinto del camino a Itaca. Qué más da. Te anunciaba Kavafis con su voz íntima y solemne la inutilidad de llegar al pasado, o cantaba su imposibilidad.

Ya las costas de la juventud son memoria de olas. Nada vuelve. Pero mientras el viaje continúe, todo está a nuestro alcance, es posible y retorna a pasar por nuestro corazón, que es recordar.

No he sido avaro de mi vida,
No fui avaro de mis naves de lumbres. No he regateado las descargas de mi corazón, ni la electricidad de mis pupilas.
*
El mañana es mío. Será mío otra vez como el destino inapelable de la luz, como el terciopelo de los besos que miden la eternidad.
Y un día habrá un pañuelo entre dos estrellas y será el adiós definitivo.
Entonces dirán: Llevaba en sus ojos la piedra filosofal, y otros viajeros reconocerán otra vez las huellas pesadas bajo el fardo de los tesoros astrales.

(Vicente Huidobro- Irreparable. Nada es irreparable)

González Alonso

A solas con Huidobro (2)

El eco austral
viajando por Chile

Hablan. Oigo que hablan. Oigo a los que hablan. Hablan de revolución. Hablan de lo divino y de lo humano. Hablar es teorizar. La acción es la consecuencia práctica de la revolución, del hecho revolucionario que todo lo transforma orientado a un futuro –se supone- mejor para la humanidad. ¿Pero cuáles son los actos revolucionarios? Más allá de los estereotipos, yo sé que el primer acto revolucionario es la amistad. Y el amor. Así, piedra a piedra, una visión nueva del mundo se amasa y construye.

Pueden parecer palabras gastadas. Amistad, revolución, libertad, amor. Pueden parecer, incluso, palabras vacías. O palabras vaciadas. Pueden ser polvo molido en las grandes muelas del tiempo. Pero no pueden, libertad, amor, revolución, amistad, arrancarse de los días en que florecían en las miradas, agitaban los pechos y alentaban en los latidos de los corazones. Los días, sin duda, más bellos de la juventud. Los días de reuniones intempestivas, citas, libros y canciones en torno a una sobremesa, manifestaciones, conversaciones en el rincón apartado de una cafetería, la esquina de una librería o a la salida de un cine.

Y entonces –después- llegan los niños a la clase, los adolescentes detrás de los pupitres, y con todos ellos –promesa de futuro- se levantan aires y vendavales, asambleas de sueños y entrega generosa. Llegan los alumnos con sus nombres y voces y con una agua fresca en la boca, savia de las nuevas palabras que alcanza las raíces de los retoños recién plantados, los que mañana serán amplios paseos de alamedas y libertad, esplendor de sonrisas,

Vida que viene entre enigmas y cubierta de noches
Como un gran solloza que se desliza por el otro lado del cielo.

(Vicente Huidobro- Soledad inaccesible)

González Alonso

La invención poética del Quijote

La invención poética del Quijote

Dibujo de DulcineaEl Quijote no sólo recoge gran parte de la poesía de Miguel de Cervantes en los poemas intercalados a lo largo de los sucesivos capítulos de la obra, sino que también se ocupa de la poesía y de los poetas. En la primera parte (cap. VI), al hilo de la quema de libros, se referirá a la Diana de Montemayor y los libros de carácter pastoril para echarlos al fuego haciendo mención de la poesía y los poetas:  “porque sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase hacerse pastor y andarse por los bosque y prados cantando, y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza”. Más adelante, en el capítulo XVI de la segunda parte, no parara mientes en considerar que “aunque la de la Poesía (la ciencia, el ejercicio de la misma) es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien la posee”. Y en el mismo capítulo, siguiendo con la poesía,  los autores y el modo de tratarla, se explaya diciendo:   La Poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado  de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuera en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejas tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número de vulgo; y así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere al Poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. El concepto que tiene de los poetas lo deja meridianamente claro en la misma segunda parte y el capítulo XVII: No hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mejor poeta del mundo…Y sobre la naturaleza, inclinación y arte del poeta, comentará (II, XVI): según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinación que le dio el Cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas que hace verdadero al que dijo: “est Deus in nobis…”,etc. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiera serlo: la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta.

Sigue leyendo

El Renacimiento. Humanismo y erasmismo en Cervantes y el Quijote

El Renacimiento. Humanismo y erasmismo en Cervantes y el Quijote

El desafortunado lance de Miguel de Cervantes con Antonio Sigura (1568), maestro de obras de la Corte, en el que éste acabó malherido y Cervantes condenado a la amputación de su mano derecha, hizo que el autor del Quijote saliera de España huyendo del castigo y viniera a parar a la Italia del Renacimiento. Una oportunidad para un Miguel de Cervantes joven, perseguido por la Justicia y temeroso de su pasado judío, que hará lo posible e imposible para eludir la sentencia y ocultar con heroísmo la amenaza de su historia familiar buscando títulos que nunca consiguió e influencias que le valieron poco.

Las contrariedades no consiguieron hacer de Cervantes un resentido; antes bien, con una actitud irónica y hasta elocuentemente estoica, se alzará ante cada revés y nos mostrará un talante positivo sin dejar a un lado la crítica. El humor cervantino es la base inteligente de su escritura. Y a todo ello contribuyeron decisivamente las ideas renacentistas y su paso por Roma, ciudad que, a buen seguro, deslumbraría con su historia y ambiente a nuestro escritor más universal.

No fue nuestro Cervantes hombre universitario. Son bien conocidas sus opiniones sobre muchos de los autores que presumían de haber pasado por la Universidad, aunque la Universidad no hubiera pasado por ellos sino en los aspectos más hueros y artificiosos de la cultura académica. Con una formación equivalente a lo que vendría a ser un Bachillerato Superior, Miguel de Cervantes completó su educación con lo que da la vida y el contacto con el Humanismo y las corrientes reformadoras que se extendían por la Europa de Felipe II.

Sigue leyendo

A solas con Huidobro (1)

Oigo la voz de los amigos
viajando por Chile

El vuelo austral me acerca las voces amigas y, entre ellas, mientras me sumerjo en paisajes que guían la Cruz del Sur, retornan a la memoria los años de los años jóvenes y el alma desbordada de frenética actividad  y una fe que se dolía cuando Salvador Allende moría en Santiago y moría Víctor Jara asesinado con sus canciones de amor y la esperanza prendida en los fuegos revolucionarios de Cuba y esa hoguera libertaria del Che Guevara en tierras bolivianas. Entonces el nombre era también España, y aquellos años agitados de sueños perseguían el final de una terrible dictadura, estrenar libertades, instaurar libertades, escribirlas bajo el amparo de la democracia, ejercerlas. Qué sueño hermoso. Qué voluntad inquebrantable. Sigue leyendo

Fantasmas y realidad en la Cueva de Montesinos

Fantasmas y realidad en la Cueva de Montesinos

Entrada a la cueva de MontesinosLa Cueva de Montesinos existe; es uno de los lugares reales de la novela de Cervantes. Lo que en ella ocurrió puede prestarse a interpretaciones de todo tipo; cabría, incluso, una interpretación freudiana de la aventura, similar a la que es posible hacer de otras obras literarias, como es el caso de H.P.Lovecraft en Viajes al otro mundo. Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. La cueva significa la seguridad del seno materno, según S.Freud. Don Quijote, que en su vida ordinaria de caballero andante está entregado al sueño de soñar,en la cueva cae en el sueño de dormir con ensueños y se sueña a sí mismo despierto. En esta visión del subconsciente se establece una libre asociación de ideas que, una vez afloradas, serán necesariamente sublimadas. Sabemos que los sueños están hechos de retazos y materiales de la realidad, así que en este soñar de dormir de don Quijote aparecerá Dulcinea en su natural ser de aldeana, tal y como permanece en el subconsciente, y de ahí la necesidad de negar esa realidad a través del encantamiento. Sigue leyendo

Baudelaire.- Poesía completa

Ediciones 29.- Barcelona,1976.

Siguiendo con la sana manía de releer textos, me he encontrado con éste del poeta maldito descontento de todos y descontento de él mismo para quien la verdadera realidad no está más que en los sueños y para el que, cuando los sueños se desvanecen no hay otra salida que estar siempre ebrio. Todo se resume en esto: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que os rompe los hombros y os inclina hacia la tierra, es menester embriagarse sin tregua. ¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como prefiráis. ¡Pero embriagáos!

Realmente resulta inquietante la obra de este hombre de quien fue un pálido reflejo su vida. No puedo -ni debo- hacer una exégesis de su obra iconoclasta, contradictoria a veces, siempre demoledora y de gran belleza formal. Vuelven a impresionarme, sobremanera, los versos de Las Flores del Mal. Vayan estos versos como ejemplo. Adjunto el texto en francés, pues -bien es sabido- la poesía no se puede traducir y la versión en español es una simple orientación, en algunas ocasiones bastante desafortunada. Sigue leyendo

Nuevas cartas a un joven poeta

Nuevas cartas a un joven poeta
Joan Margarit

Barril Barral Editores.- Barcelona, 2009

Joan Margarit, con el mismo impulso de Rilke, incluso la misma pasión, nos escribe estas nuevas cartas que si bien parecen dirigidas a los jóvenes poetas, en la práctica alcanzan el buzón del corazón y el entendimiento de cualquier lector de poesía. Y es el caso que ordinariamente lector de poesía y escritor de poesía vienen a coincidir, sin que deje de haber excepciones.

A mí estas cartas del poeta catalán, como las de Rilke, me llegan en edad avanzada, pero quiero pensar que mi escritura, lenta y perezosa y apartada de escuelas, corrientes y movimientos que, además, desconozco, todavía necesita el consuelo de unas líneas escritas con tan buena intención y un cariño, o doloroso amor, inequívoco por la poesía.

Rainer María Rilke

En mi escritura me he apañado con la lectura de la poesía y los poetas que han llegado a mis manos de manera aleatoria y fortuita. No he sido ni soy lector muy animado y, en todo caso, nunca he sido muy riguroso con mis lecturas. Y en este recorrido me he encontrado, como es fácil imaginar, con escritos, poemas y autores que no me han gustado nada y con otros, los menos, que han abierto mis ojos al asombro de la mirada sobre el mundo y movido el corazón y removido los sentimientos, como es caso afortunado de Joan Margarit. Sigue leyendo

Los bolos leoneses

Los bolos leoneses

Los bolos ocupaban algunas tardes en el pueblo, sobre todo del verano, mientras la bota de vino o el porrón que estaba en juego con la partida corría entre los jugadores. Las boleras se situaban en lugares apacibles, de suelo de tierra apropiado para marcar el campo de juego y pinar los bolos. El castro, donde se pinan los nueve  bolos grandes, las medias bolas de madera o bolas cachas para lanzarlas desde la mano corta o larga, según quien pidiera la mano o quien colocara el miche o bolo pequeño y luego contar, que ya no recuerdo cómo se hacía o el nombre de cada bolo, como el cincón o el mencionado miche, todo forma parte de una de las costumbres más singulares compartidas en las tierras del viejo reino leonés. Y de las que hacían más pueblo y vecindad. Su origen estará probablemente en los tiempos prerromanos de los astures y celtas y como juego de entrenamiento para la guerra, afinar la puntería, lanzar y atacar el castro enemigo para ver por dónde entrar. Por eso no es un juego de derribar muchos bolos, sino de acertar a dejar cae la bola y hacerla rodar para derribar o pasar la línea del miche, el soldado guardián del castro. Bueno, puede ser la historia así o de otra manera, pero siempre muy antigua. Lo cierto es que los bolos leoneses, junto con los aluches o lucha leonesa, son algunos de los referentes culturales más antiguos de un pueblo que tuvo su propia lengua, el llionés, hoy casi desaparecida y dispersa en un montón de bables o variantes muy influenciadas por el castellano. Sigue leyendo

La Gitanilla

La Gitanilla – Novelas ejemplares

Miguel de Cervantes Saavedra

Sin pelos en la lengua, Cervantes planta en las primeras líneas de La Gitanilla lo que se decía y pensaba de los gitanos, que ni era poco ni era bueno. No me atrevería a afirmar que el mismo Cervantes participara en todo o en parte de dichas opiniones, pero él las pone negro sobre blanco a la hora de abrir la novela que, siendo ejemplar en muchos aspectos y por definición, nos adentra en un mundo difícil y sórdido en el que regían las leyes particulares, el estilo de vida y los juicios propios, ajenos al común de la sociedad, para descubrir entre sus líneas también lo humano que se atesora entre quienes viven, resisten y sufren dichos mundos y, entre todo ello, lo inefable del amor. Porque La Gitanilla es, en definitiva, una novela de amor juvenil, de enamoramientos y pasiones desbordantes; pero también, aunque parezca difícil de conjugar, de íntegra honestidad y dignidad.

No se ahorra Miguel de Cervantes un merecido final feliz para esta historia de enredos en la que dos jóvenes siguen sus inclinaciones y nos los presenta abrazados a lo que da sentido y plenitud a sus vidas, que no es otra cosa que el amor en su mutua correspondencia. Sigue leyendo