Más leña al fuego: El disputado lugar de don Quijote y Sancho

Más leña al fuego: El disputado lugar de don Quijote y Sancho en el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes

Dulcinea, no vista en la realidad como tal, pero sí soñada y convertida en el alter ego de Aldonza Lorenzo, pasó a ser del Toboso, y al Toboso se encaminaron don Quijote y Sancho cuando se toparon con la iglesia del lugar y la alargada sombra de su torre se confundía en la noche con la de las almenas o torreón del supuesto palacio o castillo de Dulcinea. A partir de aquí, esto nos lleva, con tanta autoridad como atrevimiento, a especular con el lugar imaginado por Cervantes para resultar ser cuna y sepultura del Caballero de la Triste Figura así como  de su fiel escudero Sancho Panza.

Es de sobra conocido el ya juego secular de hacer buena la decisión de Miguel de Cervantes de dejar que los pueblos manchegos se discutan el nacimiento y muerte del ingenioso hidalgo cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo (II, cap. 74). Al calor de la celebración este año de 2016 del cuarto centenario de la muerte de nuestro genial escritor, ¿por qué no atizar los rescoldos de este fuego, apostar y hacer conjeturas sobre el lugar de origen del personaje cervantino? Sigue leyendo

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El éxito del Quijote

Miguel de Cervantes, en plena crisis de la encrucijada renacentista, intuyó para su obra El ingenioso hidalgo Don Quixote de La Mancha, con título en su primera parte, e intitulada en la segunda El ingenioso cavallero Don Quixote de La Mancha, un éxito sin precedentes en la Literatura Universal; intuición que arranca desde las primeras páginas de la introducción a la citada primera parte de la obra, con el soneto que Cervantes pone en boca de Amadís de Gaula dirigido al propio Don Quijote y que cierran  proféticamente los tercetos:

vive seguro de que eternamente,
en tanto, al menos, que en la cuarta esfera
sus caballos aguije el rubio Apolo,

tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera;
tu sabio autor, al mundo único y solo.

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La tienda de Miro

La tienda de Miro

La tienda de Miro, de Teomiro, Tiomiro o cualquier otro nombre menos el suyo propio y de toda la vida: Teodomiro. ¡Y es que ya no nos quedan nombres así! Pero aunque la importancia se la demos a esta tienda que existió enclavada en la esquina de la calle principal, entonces de Fernando Merino, con la del puente de la estación, sus dueños, y en particular el dueño que le daba nombre, fueron sus verdaderos protagonistas. Ahora todo el espacio está ocupado por un bar, el que antiguamente era El Español y que ocupaba el local anexo a la tienda.

Empezaban por ser, esquina y escaparate, punto de cita, encuentro, discusión y debate de todo chinche y donde paraban la mayor parte del tiempo el Enano y sus mecheros. Pero es que era, además, la única librería del pueblo, el lugar mágico donde asomaban las novelas de Plaza y Janés en edición de bolsillo. Se vendían, también, las colecciones de tebeos del Capitán Trueno, de Supermán, de Hazañas Bélicas y otros por el estilo. Y se despachaba, por supuesto, el periódico. Porque en aquella época se decía lo de vete a comprar el periódico cuando, literalmente, casi sólo llegaba a la tienda un periódico, el famoso Pueblo, y no sé si algunos ejemplares del ABC, además de los leoneses Proa y Diario de León. Sigue leyendo

Marcelino y su carretilla

Marcelino y su carretilla

Entre tantos como fueron en aquella década de infancia de los 50 del pasado siglo XX en La Pola de Gordón, me viene a la memoria la imagen de Marcelino y su carretilla. Era un hombre joven, con una chepa no demasiado prominente, moreno y de estatura mediana, que no gozó de muchas luces ni, en ocasiones, de demasiadas buenas intenciones cuando hacía alguna de las suyas entre la ropa tendida a la orilla del río o cualquier otra barrabasada.

Aunque no llegó a aprender a leer ni escribir, lo de ser maestro para mandar y tener a los guajes quietos debió de gustarle bastante, así que era frecuente que los niños y niñas más pequeños del pueblo pasaran por su particular escuela organizada al aire libre. Cuando conseguía reunir a media docena de rapaces, los hacía sentar en el suelo y hacer que escribieran o hicieran como que escribían en un trozo de teja, en el suelo o en una pizarra, usando para escribir un trozo de yeso. En fin, que aquella parodia duraba lo que duraba la paciencia de los improvisados alumnos hasta que salían corriendo cada uno en una dirección y Marcelino en la de todos y en la de ninguno, con lo que se daba por finalizada la clase. Sigue leyendo

La moza viuda, libre y rica

La moza viuda, libre y rica

Enterado Sancho Panza de quién era Dulcinea y asombrándose de que se tratara de la campesina conocida como Aldonza Lorenzo, tan diferente en belleza, formas y oficio a la de la dama de los sueños de su señor, don Quijote le espetó esta anécdota breve de carácter didáctico sobre las razones de elección de la pareja para el amor y el matrimonio:

Has de saber que una viuda hermosa, moza, libre y rica, y sobre todo desenfadada, se enamoró de un mozo motilón, rollizo y de buen tomo; alcanzolo a saber su mayor, y un día dijo a la buena viuda, por vía de fraternal reprehensión: “Maravillado estoy, señora, y no sin mucha causa, de que una mujer tan principal, tan hermosa y tan rica como vuestra merced se haya enamorado de un hombre tan soez, tan bajo y tan idiota como fulano, habiendo en esta casa tantos maestros, tantos presentados y tantos teólogos, en quien vuestra merced pudiera escoger como entre peras, y decir: Éste quiero, aquéste no quiero“. Mas ella le respondió con mucho donaire y desenvoltura: “Vuestra merced, señor mío, está muy engañado y piensa muy a lo antiguo, si piensa que yo he escogido mal en fulano por idiota que le parece; pues para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe y más que Aristóteles“. (Sic) (El Quijote.- I, 25) A lo que, tras otras sabrosas disquisiciones, don Quijote agregó: Así que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra. Sentenciando gravemente a continuación:  Y, así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan.  Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad.

Y si hubiera que sacar más de una conclusión, yo me quedaría con el cuento de que la honestidad y la rectitud de los sentimientos importan más que el linaje en muchos negocios, entre ellos, el del amor.

González Alonso

La ruta de Don Quijote.- Azorín

La ruta de Don Quijote
Azorín

Edición de José María Martínez Cachero
Cátedra-Letras Hispánicas.- Madrid, 1992

En todo viaje hay una legua de mal camino”, le espeta J. Ortega Munilla a Azorín, en aquel año de 1905, cuando el director de El Imparcial le encarga una serie de artículos sobre la Mancha quijotesca para el tercer centenario de la publicación del Quijote, le pone una pistola en las manos al sorprendido periodista y remata la advertencia con “y ahí tiene usted ese chisme, por lo que pueda tronar”.

Y es que viajar por La Mancha o por cualquier extensión española a principios del siglo XX, y hacerlo a golpe de rueda de carreta, no era moco de pavo. Las precauciones, no obstante, no fueron necesarias y los aproximadamente quince días de periodismo de Azorín transcurrieron con y con fortuna y sin un solo tiro.

La ruta de don Quijote” es, en fin, un libro de viajes naturales, físicos, materiales y literarios. El estilo de Azorín, prolijo en explicaciones, descripción de paisajes y perfiles psicológicos y antropológicos de las personas hechas personajes de las que nos habla, goza de frescura y algunas redundancias y, sobre todo, parten de un hecho preconcebido sobre los escenarios quijotescos. La discusión de la patria del hidalgo, ¿manchego o manchado? ¿o ambas cosas?, está resuelta de antemano a favor de Argamasilla de Alba. Y Azorín se pone a la tarea de escudriñar las razones de tal patria en la genética de sus habitantes, su idiosincrasia, habitados en su ser por esa recia hidalguía de la que, en sus formas, formaba parte la hidalguía del Caballero de la Triste Figura. Allí, en Argamasilla, encontrará en la vida, locura y curación de uno de sus prohombres, puesto en pintura sobre lienzo en la iglesia, la vida, locura y curación de un don Quijote, alter ego de Alonso Quijano, el Bueno, puesto sobre papel en pintura de palabras por Cervantes. Sigue leyendo

La Fuente de la Salud

La Fuente de la Salud 

Se cuenta  en Los Barrios de Gordón, un pueblecito de la montaña leonesa, que un paisano tenía un caballo muy bueno al que apreciaba mucho y que un día, sin saber cómo ni por qué, el caballo enfermó y no había forma humana de hacerle recuperar la salud. 

El dueño del caballo estaba desesperado y triste. Los vecinos, viéndolo tan abatido, le aconsejaban que sacrificara a la pobre bestia y se olvidara de la desgracia que le acongojaba. Pero el hombre no quería escuchar los consejos que le daban con la mejor intención del mundo y, mirando a su caballo, decidió que no le daría la muerte por su mano para acabar con la enfermedad que le aquejaba de manera tan irremediable; así que un día, bien de mañana, en los albores del otoño y envuelto en la bruma que se arrastraba hasta el pueblo, el buen hombre fue a la cuadra, le habló a su caballo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y lo condujo, triste, hasta la salida del pueblo para dejarlo en los alrededores de una fuente cercana a unos pastos altos. 

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Niebla.- Miguel de Unamuno

Niebla
Miguel de Unamuno

Edición de Harrier S. Stevens y Ricardo Gullón
Taurus Ediciones, S.A. 1982.- Madrid
ISBN: 84-306-4028-2

Creo que es la segunda vez que leo Niebla, aunque de la primera apenas recuerdo vagamente algunos pasajes y encontrado algunas emociones. Y me alegra haberme acercado de nuevo a este libro de mi librería, que ahora vuelve con honra a su lugar en la balda correspondiente.

Digamos qué encontré y cómo. Los personajes, aparecen entre la niebla, desdibujados, indecisos, llenos de dudas y contradicciones, para brillar luego fugazmente un minuto y volver a la niebla, la nada. Como las personas. La vida del personaje es regalo y ocurrencia del escritor, su creador. ¿La vida de las personas también es regalo de su creador? ¿Nos sugiere Unamuno la existencia de un Dios creador?

El escritor decide sobre sus personajes hasta su muerte; la ilusión del personaje es llegar a creer que es él mismo quien dirige libremente sus acciones, e incluso que puede decidir su final, es decir, suicidarse. ¿Es el personaje y su realidad la realidad de la persona? No lo sé. Sigue leyendo

La buena sombra. Homenaje a Luís Pastrana Giménez, Cronista de la ciudad de León

La buena sombra

El Día del Libro nos acerca, a través de las páginas escritas, a sus hacedores, esas personas abnegadas en el trabajo de las palabras que llamamos escritores.

Los escritores son, se me antoja, hermosos troncos que sujetan y multiplican en las hojas de sus ramas el oxígeno que enriquece el aire que respiramos. Son vida.

Los árboles nos dan vida, también, con su sombra. Cuando desaparecen los árboles, desaparece la sombra, y un hueco con luz extraña se abre en torno de lo que fue el espacio que ocuparon sus troncos y la frondosidad de sus ramas; desaparece el rumor del aire y nos sobrecoge una indescriptible sensación de orfandad. En invierno nos traen sombras grises de agua y frío desprendidas de las ramas sin hojas. En verano, la rotundidad de un sol vencido en las copas verdes. En la primavera, sombra fresca de tallos nuevos y lluvias. Otoño es sombra larga envuelta en colores que se van haciendo lentamente para volar al suelo.

Sin luz no hay sombra; sin árboles no hay sombra buena, que es, incluso, la sombra de otra sombra mayor que es la noche.

De sombras buenas viven las personas buenas; que luego están las malas sombras, sombras hechas con los mordiscos que da la vida… Sigue leyendo

La leyenda de la Fuente de Faya

La leyenda de la Fuente de Faya

Si alguna vez alguien se pregunta por qué durante muchos, muchísimos años, las mozas de Santa Lucía de Gordón, en León, subían  a la Fuente de Faya a beber de sus frías y cristalinas aguas, sepa que lo hacían para buscar el amor de su vida, el que –con seguridad- soñaban cada día de su impaciente juventud. Pero también es sabido que los sueños de las adolescentes, dulces y románticos, acostumbran a estar relacionados con la figura del príncipe azul como encarnación de ese amor. O lo estaban, al menos, en aquellos tiempos que se nos antojan cada vez más pasados. Así que, sin saberlo, nuestras jóvenes seguían la costumbre de una antigua leyenda relacionada con la Fuente de Faya y la oquedad por la que brotan sus aguas con rumores que –si escuchamos con atención- nos relatan entre sus murmullos lo acaecido hace mucho, muchísimo tiempo, en este lugar. Sigue leyendo