Nuevas cartas a un joven poeta

Nuevas cartas a un joven poeta
Joan Margarit

Barril Barral Editores.- Barcelona, 2009

Joan Margarit, con el mismo impulso de Rilke, incluso la misma pasión, nos escribe estas nuevas cartas que si bien parecen dirigidas a los jóvenes poetas, en la práctica alcanzan el buzón del corazón y el entendimiento de cualquier lector de poesía. Y es el caso que ordinariamente lector de poesía y escritor de poesía vienen a coincidir, sin que deje de haber excepciones.

A mí estas cartas del poeta catalán, como las de Rilke, me llegan en edad avanzada, pero quiero pensar que mi escritura, lenta y perezosa y apartada de escuelas, corrientes y movimientos que, además, desconozco, todavía necesita el consuelo de unas líneas escritas con tan buena intención y un cariño, o doloroso amor, inequívoco por la poesía.

Rainer María Rilke

En mi escritura me he apañado con la lectura de la poesía y los poetas que han llegado a mis manos de manera aleatoria y fortuita. No he sido ni soy lector muy animado y, en todo caso, nunca he sido muy riguroso con mis lecturas. Y en este recorrido me he encontrado, como es fácil imaginar, con escritos, poemas y autores que no me han gustado nada y con otros, los menos, que han abierto mis ojos al asombro de la mirada sobre el mundo y movido el corazón y removido los sentimientos, como es caso afortunado de Joan Margarit.

De Joan Margarit no toca aquí hablar de su poesía; baste para mí dejar sentado que lo suyo, lo escrito, es poesía. No se puede decir más y creo que se entiende. Ahora toca hablar de sus nuevas cartas y lo tocante a sus destinatarios, los jóvenes poetas. Pero antes que ellos está, a mi parecer, el verdadero destinatario de estas cartas que no es otro que el propio Joan Margarit. Porque las cartas no dejan de ser el pretexto para escribir un buen poema en el que se aprecia el mismo límite que Margarit pone a la poesía, que no es otra cosa ni la menor cosa que la emoción, su valor para ayudar a ser mejor persona, tener más equilibrio interior, encontrar consuelo, ser –en definitiva- más feliz.

No es el único Margarit en asignar un valor sanador a la poesía. Lo he leído en otros autores que ahora no recuerdo y se lo he oído comentar como experiencia personal a varios amigos que, en diferentes momentos difíciles de sus vidas, aseguran haber encontrado refugio en la lectura y la escritura de la poesía. No sé. La verdad es que si la poesía les ha funcionado bien –y me alegro- en el aspecto sanador, no puedo decir lo mismo de los resultados creativos de sus poemas. Y estoy más inclinado a pensar que el arte de la poesía y la poesía del arte en general no se recuestan en el sillón de Sigmund Freud.

Lo que hace Joan Margarit, entre muchas otras cosas, es valorar las herramientas necesarias para poder escribir poesía, complementarias al proceso interior de búsqueda del poeta, como son “la gramática, la sintaxis, la ortografía, la métrica, la retórica y la lectura de los clásicos”. Reflexiona en voz alta sobre la comprensión de la poesía y lo que significa comprender, cuál es la naturaleza y el alcance de esta comprensión, sitúa la poesía en el campo de la literatura, destaca en el poeta los valores de la humildad antes de escribir y después de escribir y la osadía necesaria a la hora de escribir, y subraya continuamente la condición de soledad del poeta y su necesidad de reconocimiento.

Joan Margarit

Me gustaron sobremanera las observaciones acerca del Romanticismo y las Vanguardias, así como su concepto de la escritura desde lo que define como “inteligencia sentimental”, abierta a todo tipo de posibilidades formales. Repasa el problema de las traducciones y su necesidad desde su condición de escritor bilingüe, se acerca a la poesía social calificándola con atino de “poesía de circunstancias” y concluye que el amor a la libertad no exige escribir un tipo de poesía que corre el riesgo de quedar enterrada en su propia historia. Algo similar escuché de labios del poeta leonés Antonio Gamoneda en la sobremesa de una amena e interesante comida. Porque, deja entrever Joan Margarit, hemos podido vivir cómo al dogmatismo de la dictadura se enfrentaba el dogmatismo de la libertad, aludiendo a las actitudes militantes del marxismo en los años del franquismo. Y nos habla del simbolismo, de que el buen poema siempre va a favor de la vida, sin ser pesimista ni optimista, del miedo que da el poeta por la verdad que busca y la soledad que trae o también, nos dice, la poesía resulta ser iluminadora y nos permite vivir sin necesidad de olvidar, entendiendo la vida como un todo que nos pertenece. Este concepto de la poesía como luz que se proyecta sobre las distintas realidades del mundo y descubre lo alumbrado iluminando nuestro conocimiento, se encuentra implícito en las intenciones y el mismo título  del segundo libro que publiqué en solitario, “Lucernarios” (Ediciones Vitruvio.- Madrid, 2016). El carácter simbólico de la luz también lo he encontrado también de manera recurrente, no diré que obsesiva, en Antonio Gamoneda que publica su poesía reunida en la obra titulada “Esta luz” (1947/2004) (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores-Barcelona, 2004).

Y no diré más. Las cartas de Joan Margarit son un buen libro, un excelente libro diría yo, que dirige su mirada a la vida y que nos invita de manera generosa a seguir esa mirada y participar de ella. Un libro, en fin, que nos hace mejores. Y eso, si no basta, es mucho.

González Alonso

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