A solas con Huidobro (1)

Oigo la voz de los amigos
viajando por Chile

El vuelo austral me acerca las voces amigas y, entre ellas, mientras me sumerjo en paisajes que guían la Cruz del Sur, retornan a la memoria los años de los años jóvenes y el alma desbordada de frenética actividad  y una fe que se dolía cuando Salvador Allende moría en Santiago y moría Víctor Jara asesinado con sus canciones de amor y la esperanza prendida en los fuegos revolucionarios de Cuba y esa hoguera libertaria del Che Guevara en tierras bolivianas. Entonces el nombre era también España, y aquellos años agitados de sueños perseguían el final de una terrible dictadura, estrenar libertades, instaurar libertades, escribirlas bajo el amparo de la democracia, ejercerlas. Qué sueño hermoso. Qué voluntad inquebrantable.

Mientras avanzan los senderos que hoy piso, camino por los recuerdos de ayer. De estas tierras convulsas de esperanza, llego hasta la esperanza de las calles de Barcelona y la escuela donde se fraguaron luchas solidarias. Hasta allá llegan los ecos de la voz amiga que pronuncia los nombres y las fechas por entre estos valles, los cauces anchos de los ríos y las cumbres andinas alzadas al cielo. Retumba el lamento y la palabra iluminada que pronuncia el futuro desde un pasado tormentoso y mítico. Parece todo tan lejos que la distancia engaña y lo sentimos, sin embargo, próximo, y casi creemos poder tocar los recuerdos con los dedos como la vista toca con su mirada estos paisajes elevados de los Andes en donde el aire duro y seco y con poco oxígeno nos hace creer cercano y al alcance todo lo que miramos tan distante.

Sin embargo, hasta allá llegamos. Sin descanso. Yo sé, sabemos, que allí estuvimos. Allí y aquí. Aquí y allá con la altura de la edad y tan pocos años entonces, tanta juventud, tan poca experiencia, tanta decisión y tan poco miedo; tanto de todo lo que la vida exige para ser digna. Somos así y así fuimos

Hijos de tantas circunstancias
De tantos cruces de rayos de tanto roce de aromas
De choques de alaridos de confusión de lágrimas
De sangres salpicadas entre astros llenándose de voces
De rocas vírgenes llenándose de cantos
De árboles y vientos en maniobras delirantes
Configuración de sueños cortando las edades
Como bellos fantasmas que detienen el corazón.

Oh tribu de cadáveres perdidos
Y cielos que murieron o se fueron muy lejos encima de otros mundos
Hijos de fuegos y mares aparecidos
Nuestro misterio aúlla por las aguas y los aires

Hijos de estrellas irresistibles
Lloremos y cantemos nuestro abrupto destino rodando tiempo abajo

(Vicente Huidobro.- Soledad inaccesible)

González Alonso

4 pensamientos en “A solas con Huidobro (1)

  1. Bellísimo y conmovedor texto, Julio. De los que suelen componerse cuando ya no se es demasiado joven y aún no se es demasiado experimentado, como conviene al oficio siempre al borde de lo inesperado que es escribir.
    Un abrazo.

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    • Te agradezco el comentario, Wic. Este texto es el primero de una pequeña serie que escribí viajando por Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia. En Valparaíso, y en el conocido Café del Poeta, que en su interior recoge las imágenes de Pablo Neruda y Mistral charlando en una mesa frente a un café, pude comprar algunos libros, entre ellos uno de Huidobro que fui leyendo en el viaje. Al lado de cada lectura recogía mis reflexiones, situaciones que me evocaban sobre mi vida, España, la misma realidad chilena, en fin, todo lo que la imaginación explora tras una lectura poética, dejándome llevar sin resistencia. Del viaje hace ya 5 años y, casualmente, encontré el cuadernillo con estas notas que ahora recuperaré para este cuaderno. Eso es todo. Sin mayores pretensiones. Pero tus palabras me dan mucho ánimo. Muchas gracias.

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  2. Tal vez ni tú ni yo hagamos literatura –que son palabras mayores, Julio– pero está claro que podemos jugar con la imaginación. En ese sentido, lo que uno disfruta contiene una profundidad mayor que consigue asombrar a todo aquel que necesita escribir, es decir, a uno mismo.

    Un abrazo

    Pd. Tu mención al Café del Poeta y a Valparaíso me ha hecho recordar mi época en Chile, país en el que viví (felizmente) toda mi adolescencia.

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