El Gameu. Noticias de las obras de Eduardo Álvarez

Eduardo Álvarez, el Gameu

Son recuerdos de hace muchos años cuando la niñez se estiraba hasta adquirir el privilegio de salir solo a la calle a tirar piedras al río, subir hasta el pinar alzado en la empinada ladera de aquel frente rocoso, murallón excavado de cuevas y murciélagos, sobre cuya altura se extendía una meseta que llamábamos Los Llanos, poblada también de pinos; llanura avivada con sus accidentes, hondonadas, afloramientos calizos, claros de pradera y arbustos que convertían en aventura atravesarla.

Pero antes de llegar a Los Pinos, nos quedábamos en muchas ocasiones en la calle de la cuesta y alrededor del caño de la cárcel del Juzgado, donde se bifurcaba en su ascenso, hacia la derecha camino del Preventorio y Los Pinos, hacia la izquierda camino del cementerio. En este último camino, una vez  alcanzada su altura máxima y seguir llaneando sobre un suelo de tierra apelmazada, te encontrabas a mano derecha con una casa aislada que llamábamos del poeta. Frente a esta casa se extendían, ladera abajo, las huertas traseras cargadas de frutales de las casas que tenían su entrada por la calle principal del pueblo, llamada de Fernando Merino entonces y hoy de La Constitución. En el solar aledaño y detrás de la vivienda crecían los lirios que cultivaba Josefa, la mujer del Gameu; su intenso color violeta o morado teñía el aire de un delicado sentimiento de melancolía que me recordaba, sin dolor, a la muerte. Pero también te transportaban a una calma difícil de explicar en los pocos años de la infancia.

A la puerta de la casa, sobre un mirador con barandilla de madera, solía estar sentado un hombre delgado, de pelo largo, que mascaba tabaco. Adusto y serio, nos observaba sin decir palabra y nos imponía respeto con el semblante y la figura de su estampa vestido con traje negro de pana y la cacha. Nunca creo haber cruzado una palabra con él, ni al pie de su casa, ni a la subida de la Cuesta o cruzándome con él en el puente camino de la estación del tren. Su caminar pausado, sin prisa por recorrer las calles, hacía pensar que no iba a ninguna parte. Pero si le seguías un poco acababas viendo que a la altura del caño de la estación giraba hacia la izquierda y tomaba el camino de Los Barrios en los días soleados del invierno y en las mañanas o las tardes frescas de la primavera o el verano. El paseo se detenía un trecho antes de llegar a las primeras casas de Los Barrios, al pie de la cueva del castillo, por cuya sima corre el agua que mana a la orilla del río que, apenas un kilómetro más abajo, se unirá al Bernesga en La Pola de Gordón. La cueva acoge en sus profundidades una bella leyenda en la que se mezclan las janas con las odaliscas encantadas, los males de amores y las historias de los reyes de León. Y en este entorno, mirando hacia la estrecha vega al otro lado del río, sus prados y las alturas de los chopos y los avellanos, el poeta pasaba sentado una hora o dos mascando su tabaco y trayendo a su cabeza historias que contar de las que pausadamente tomaba notas en un cuaderno.

Pero la fama de este hombre nos llegaba a los guajes de boca en boca y a través de los juegos en la calle. Lo conocíamos como el Gameu, aunque nadie sabía explicar por qué y muy pocos supieran su nombre real, Eduardo Álvarez. Y lo curioso es que el Gameu nunca fue poeta, o al menos no se le conoce por publicar poesía. Este hombre, que ahora comparte el nombre de la calle con otro escritor, Manuel García Brugos –éste sí, poeta- supe más tarde que es el autor de varias novelas, entre ellas, la que tituló “Aventuras de Gameu. Por mar y tierra.- Novela histórica”, de la que tomó su apodo por su pretendido carácter autobiográfico.

El libro “Aventuras de Gameu” se trata de una novelita de unas doscientas páginas (188, exactamente) que fue impresa en la Imprenta Gutenberg de F, Juárez de la calle Badillo, N.º 1, de León, tal vez en 1907.

La curiosidad despertada en mí hizo que quisiera averiguar algo más sobre los nombres de estos autores puestos a las calles de La Pola y que leía sin saber qué historias había detrás de ellos. Por eso, en un verano cualquiera al filo del cambio de siglo y milenio, viajé a León y La Pola dispuesto a indagar. La primera sorpresa fue que en el Ayuntamiento de lo que fue el Concejo de Gordón, no se tuviera noticia alguna del porqué poner estos nombres a las calles, que no hubiera documento alguno informando de ello ni que existiera registro en las actas de las reuniones del Consistorio. Tampoco había ni en el Ayuntamiento ni en la Biblioteca Municipal que lleva el nombre de otro poeta leonés y Premio Cervantes, Antonio Gamoneda, ningún ejemplar de sus obras. Curiosamente Gamoneda (lugar de gamones) lleva el apellido del nombre del personaje de la novela de Eduardo Álvarez, el Gameu (variante de gamón).

Pero curiosidades y coincidencias aparte, del resultado de mis pesquisas pude comprobar que en la Biblioteca Leonesa o Biblioteca Regional Mariano Domínguez Berrueta de la Diputación, cuyo objetivo es reunir la obra de autores leoneses o que tratan sobre la provincia leonesa, se encuentra y está disponible para su lectura n ejemplar de “Aventuras de Gameu”, firmado por Eduardo Álvarez en el reverso de la primera página con una dedicatoria manuscrita  a pluma que dice: Para la Biblioteca Provincial de León. Le sigue la firma del autor y la fecha, Pola de Gordón, 1928. En la primera página aparecen tres sellos, dos de tinta azul y otro en tinta roja. Los dos primeros corresponden, uno, a la Encuadernación PRESA, fundada en 1.883 en León, y el otro la Biblioteca Regional de la Diputación de León, de forma ovalada, pequeño, en el que aparece el representado el escudo del Reino de León. El tercer sello también es de la Diputación.

Durante los tranquilos días de verano de una semana pude leer ésta y otras obras de Eduardo Álvarez en las dependencias de la biblioteca, ya que no se permite su préstamo al tratarse de  únicos ejemplares y su estado de conservación es delicado. Hace unos meses tuve noticia de la donación por parte de un particular de otro ejemplar de esta obra a la Biblioteca Antonio Gamoneda de La Pola, lo que –por fortuna- hace que esta lectura esté al alcance de cualquier persona  en el pueblo de Eduardo Álvarez.

No es ahora el momento ni la intención de comentar la obra del Gameu. Pero sí lo es de dar noticia de ella y, de paso, de la segunda novela del autor: Jauja y sus fracasados o Gonzalín temerario. Se trata de una obra en pequeño formato, de 12 cm por 20 cm, aproximadamente, encuadernado con tapas blandas y editada en León en 1922. En la primera página se puede leer una dedicatoria impresa: al hombre del Desierto y gran patriota español, que se llama D. Antonio Maura y Montaner… (sic). Se distingue un sello ovalado rojo con la inscripción: Diputación Provincial – Biblioteca Regional – Diputación – León. También puede leerse una dedicatoria manuscrita: A la Biblioteca Provincial de León dedica este ejemplar, el autor, Eduardo Álvarez. Pola de Gordón, 1928.

En la contraportada del ejemplar se lee: Obras del mismo autor: Aventuras de Gameu por Mar y Tierra. En preparación: Un gran Sultán juzgado por la providencia. Y en el lomo, escrito con rotulador, se lee: Gonzalín.

De la publicación anunciada “Un gran Sultán juzgado por la providencia” no puedo asegurar que se llegara a editar. Pero sí hay constancia de la existencia de otra obra del Gameu titulada “Los “Lumpen” proletarios” (sic). No está este ejemplar en los fondos de la Biblioteca de la Diputación de León, pero sí aparece en el catálogo de registros de la Biblioteca Nacional. Al parecer este título fue publicado en La Revista Blanca, en Barcelona y en el año 1.937. Aparece dentro de la colección “La novela ideal”, que iba por el número 557 del año 12, lo que nos puede dar una pequeña idea de la importancia de esta publicación. “Los “Lumpen” proletarios” es un librito de unos 19 centímetros y 32 páginas.

No sé si será hora ya de que el Ayuntamiento de La Pola de Gordón se ocupe de sus escritores actuales y pasados. En ese sentido, más allá de poner nombres a las calles de los pueblos con las placas de los autores que forman parte del acervo cultural del concejo, bien podría crearse un fondo de documentación y reunir la obra publicada o, en su caso, reeditar algunos títulos. Así, cuando algún otro guaje o guaja se tropiece con los nombres de las calles y se pregunte el porqué están allí y quiénes son o fueron, hallarán la respuesta de sus escritos. Y nadie tendrá que inventarse historias fantásticas ni hacer conjeturas como las que oí y me hice yo mismo en su día, recuperando –al saber- la ilusión y la magia de haber conocido, aunque haya sido de vista, a uno de estos autores, como fue Eduardo Álvarez, el Gameu.

González Alonso

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