La metamorfosis.- Franz Kafka

La Metamorfosis.- Franz Kafka

Alianza Editorial.-Decimotercera edición, 1979

La Metamorfosis.- Franz Kafka

En la acostumbrada relectura de textos, he tropezado con este cuento largo o narración corta o novela o como quiera que queráis llamarlo, que es La Metamorfosis, de Kafka. Se lee casi de un tirón y tiene la virtud de -aún conociendo de antemano el desenlace- atraparte en la angustia del relato que, a modo de pesadilla, se desarrolla hasta su final. Quizás lo más sorprendente resulta ser el aire de realismo y veracidad que se respira en algo tan grotesco y absurdo; o tal vez sea ese mismo contraste el que nos empuje a leer lo imposible para descubrir lo real de la vida misma. No sé. Lo cierto es que se han hecho tantas interpretaciones de La Metamorfosis que pudiera decirse que todas tienen algo de razón y ninguna lo explica todo. Lo mejor, sin duda, es leer la obra, sentir la inquietud de la propuesta de Kafka y reflexionar por cuenta propia. Porque, eso sí, parece imposible escapar al desafío de la obra kafkiana de buscar algunas respuestas. Si caéis en la tentación, que la disfrutéis.

González Alonso

Don Quijote, profeta y cabalista

Don Quijote, profeta y cabalista
Dominique Aubier

Ediciones Obelisco, Barcelona-1981

Que un autor no puede escapar a su tiempo es cosa natural y generalmente admitida sin discusión. Miguel de Cervantes Saavedra, el escritor, o fue excepción. Como poeta, como dramaturgo, como novelista, reflejó el mundo que lo rodeaba y proyectó sus sentimientos, miedos, ideas y pensamientos que interpretaban o trataban de explicar ese mundo de su época desde su personal subjetividad.

El caso, en el caso de Cervantes, es que no estaba del todo clara la ascendencia judía de su familia. No era una cuestión baladí en la época. La limpieza de sangre había que demostrarla y, por supuesto, pagarla con la compra de títulos de nobleza que Cervantes y su familia nunca consiguieron. Fuera judío converso o simplemente judío, también es cierta su formación erasmista. Y todo ello representaba un riesgo serio ante una Inquisición extremadamente atenta.

Pero el escritor, decimos, no escapa en ningún caso a sí mismo y su mundo. Por eso, en la lectura de sus obras, no dejamos de hallar rastros de lo que significó su vida, detalles de las experiencias, creencias y pensamientos. Es lo que Dominique Aubier, en su obra “Don Quijote, profeta y cabalista”, viene a descubrirnos. Y lo hará rastreando la monumental obra cervantina en una dirección determinada, la de los indicios y pruebas de estar ante un libro encriptado, un auténtico tratado de conocimiento esotérico, lleno de simbolismos y claves hebraicas a través de una prosa cercana, asequible, y una historia inverosímil que consigue, como el mismo Cervantes quería, que el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla. Sigue leyendo

Al morir don Quijote

No quisiera dejar pasar la ocasión de recomendar una lectura  para la cual no hace falta haber leído previamente el Quijote y que viene servida de la mano de Andrés Trapiello con el título Al morir don Quijote (Ediciones Destino, Barcelona.-2004).

El escritor leonés (Manzaneda de Torío, León.-1953), apasionado de la obra cervantina en general y del Quijote en particular, recrea en esta novela la vida de los personajes que dan vida al Quijote una vez que éste ha muerto. No es difícil hallar referencias a la obra cumbre cervantina en otras publicaciones de este autor, como se puede leer en su premio Nadal 2003, Los amigos del crimen perfecto (pag.48) (Destino, Barcelona.-2003): Las novelas policiacas clásicas, como yo las entiendo, son cosa de hombres, como las de caballería. ¿Quién es Dulcinea? Nada, nadie, una sombra, el deseo de don Quijote. Por eso el Quijote no les gusta a las mujeres. Allí no sale una mujer romántica, que suspira. El que suspira es el hombre, y eso a las mujeres no les gusta ni en la vida ni en las novelas. O como agrega más adelante (pág. 287): a don Quijote, para vivir, le bastaba con lo ficticio. Lo necesario acabó con su locura, pero también con su vida.

Sigue leyendo

La locura, protagonista del Quijote

La locura, protagonista del Quijote

Como en todos los temas felizmente inconclusos del Quijote, éste de la locura acabará con más preguntas y dudas que explicaciones. Pero resulta inevitable referirse a él, puesto que Miguel de Cervantes lo puso en el centro de la novela. Y como todos los demás temas, lo hizo con una claridad que, de meridiana, resulta sospechosa, además de manejarlo de tal modo que la ambigüedad campara por entre los recovecos de los personajes y las situaciones.

¿Y si empezamos por el título? ¿Por qué “el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” y no “el loco caballero don Quijote de la Mancha”? Porque si en las veces que a lo largo de la novela Cervantes lo tilda de loco en boca de cuantos presencian las acciones del caballero que quieren y pretenden ser aventuras, si al mismo don Quijote le hace referirse y discutir su estado, si Sancho Panza no duda en llamarle  mentecato y loco y si, finalmente, cuando don Quijote desaparece y pasa a la eternidad de la vida literaria y la fama inmortal para que muriera Alonso Quijano el Bueno y va a ser el mismo Alonso Quijano quien confiese haber sido loco para morir cuerdo, ¿qué significa el apelativo de “ingenioso” en la cabecera del título?

Ingenioso se dice y decía de la persona que tiene la capacidad de inventar y crear cosas; también de quien resulta ser gracioso y ocurrente. Loco se entiende como la persona que ha perdido el juicio y su conducta no es la normal, incapaz de actuar racionalmente. La conducta normal es la que se observa en la mayoría de las personas, llevada a cabo en la sociedad en la que viven y que ven e interpretan la realidad de la misma manera, aceptando las mismas pautas de comportamiento.

Sigue leyendo

Más leña al fuego: El disputado lugar de don Quijote y Sancho

Más leña al fuego: El disputado lugar de don Quijote y Sancho en el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes

Dulcinea, no vista en la realidad como tal, pero sí soñada y convertida en el alter ego de Aldonza Lorenzo, pasó a ser del Toboso, y al Toboso se encaminaron don Quijote y Sancho cuando se toparon con la iglesia del lugar y la alargada sombra de su torre se confundía en la noche con la de las almenas o torreón del supuesto palacio o castillo de Dulcinea. A partir de aquí, esto nos lleva, con tanta autoridad como atrevimiento, a especular con el lugar imaginado por Cervantes para resultar ser cuna y sepultura del Caballero de la Triste Figura así como  de su fiel escudero Sancho Panza.

Es de sobra conocido el ya juego secular de hacer buena la decisión de Miguel de Cervantes de dejar que los pueblos manchegos se discutan el nacimiento y muerte del ingenioso hidalgo cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo (II, cap. 74). Al calor de la celebración este año de 2016 del cuarto centenario de la muerte de nuestro genial escritor, ¿por qué no atizar los rescoldos de este fuego, apostar y hacer conjeturas sobre el lugar de origen del personaje cervantino? Sigue leyendo

El éxito del Quijote

Miguel de Cervantes, en plena crisis de la encrucijada renacentista, intuyó para su obra El ingenioso hidalgo Don Quixote de La Mancha, con título en su primera parte, e intitulada en la segunda El ingenioso cavallero Don Quixote de La Mancha, un éxito sin precedentes en la Literatura Universal; intuición que arranca desde las primeras páginas de la introducción a la citada primera parte de la obra, con el soneto que Cervantes pone en boca de Amadís de Gaula dirigido al propio Don Quijote y que cierran  proféticamente los tercetos:

vive seguro de que eternamente,
en tanto, al menos, que en la cuarta esfera
sus caballos aguije el rubio Apolo,

tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera;
tu sabio autor, al mundo único y solo.

Sigue leyendo

La ruta de Don Quijote.- Azorín

La ruta de Don Quijote
Azorín

Edición de José María Martínez Cachero
Cátedra-Letras Hispánicas.- Madrid, 1992

En todo viaje hay una legua de mal camino”, le espeta J. Ortega Munilla a Azorín, en aquel año de 1905, cuando el director de El Imparcial le encarga una serie de artículos sobre la Mancha quijotesca para el tercer centenario de la publicación del Quijote, le pone una pistola en las manos al sorprendido periodista y remata la advertencia con “y ahí tiene usted ese chisme, por lo que pueda tronar”.

Y es que viajar por La Mancha o por cualquier extensión española a principios del siglo XX, y hacerlo a golpe de rueda de carreta, no era moco de pavo. Las precauciones, no obstante, no fueron necesarias y los aproximadamente quince días de periodismo de Azorín transcurrieron con y con fortuna y sin un solo tiro.

La ruta de don Quijote” es, en fin, un libro de viajes naturales, físicos, materiales y literarios. El estilo de Azorín, prolijo en explicaciones, descripción de paisajes y perfiles psicológicos y antropológicos de las personas hechas personajes de las que nos habla, goza de frescura y algunas redundancias y, sobre todo, parten de un hecho preconcebido sobre los escenarios quijotescos. La discusión de la patria del hidalgo, ¿manchego o manchado? ¿o ambas cosas?, está resuelta de antemano a favor de Argamasilla de Alba. Y Azorín se pone a la tarea de escudriñar las razones de tal patria en la genética de sus habitantes, su idiosincrasia, habitados en su ser por esa recia hidalguía de la que, en sus formas, formaba parte la hidalguía del Caballero de la Triste Figura. Allí, en Argamasilla, encontrará en la vida, locura y curación de uno de sus prohombres, puesto en pintura sobre lienzo en la iglesia, la vida, locura y curación de un don Quijote, alter ego de Alonso Quijano, el Bueno, puesto sobre papel en pintura de palabras por Cervantes. Sigue leyendo

Niebla.- Miguel de Unamuno

Niebla
Miguel de Unamuno

Edición de Harrier S. Stevens y Ricardo Gullón
Taurus Ediciones, S.A. 1982.- Madrid
ISBN: 84-306-4028-2

Creo que es la segunda vez que leo Niebla, aunque de la primera apenas recuerdo vagamente algunos pasajes y encontrado algunas emociones. Y me alegra haberme acercado de nuevo a este libro de mi librería, que ahora vuelve con honra a su lugar en la balda correspondiente.

Digamos qué encontré y cómo. Los personajes, aparecen entre la niebla, desdibujados, indecisos, llenos de dudas y contradicciones, para brillar luego fugazmente un minuto y volver a la niebla, la nada. Como las personas. La vida del personaje es regalo y ocurrencia del escritor, su creador. ¿La vida de las personas también es regalo de su creador? ¿Nos sugiere Unamuno la existencia de un Dios creador?

El escritor decide sobre sus personajes hasta su muerte; la ilusión del personaje es llegar a creer que es él mismo quien dirige libremente sus acciones, e incluso que puede decidir su final, es decir, suicidarse. ¿Es el personaje y su realidad la realidad de la persona? No lo sé. Sigue leyendo

La buena sombra. Homenaje a Luís Pastrana Giménez, Cronista de la ciudad de León

La buena sombra

El Día del Libro nos acerca, a través de las páginas escritas, a sus hacedores, esas personas abnegadas en el trabajo de las palabras que llamamos escritores.

Los escritores son, se me antoja, hermosos troncos que sujetan y multiplican en las hojas de sus ramas el oxígeno que enriquece el aire que respiramos. Son vida.

Los árboles nos dan vida, también, con su sombra. Cuando desaparecen los árboles, desaparece la sombra, y un hueco con luz extraña se abre en torno de lo que fue el espacio que ocuparon sus troncos y la frondosidad de sus ramas; desaparece el rumor del aire y nos sobrecoge una indescriptible sensación de orfandad. En invierno nos traen sombras grises de agua y frío desprendidas de las ramas sin hojas. En verano, la rotundidad de un sol vencido en las copas verdes. En la primavera, sombra fresca de tallos nuevos y lluvias. Otoño es sombra larga envuelta en colores que se van haciendo lentamente para volar al suelo.

Sin luz no hay sombra; sin árboles no hay sombra buena, que es, incluso, la sombra de otra sombra mayor que es la noche.

De sombras buenas viven las personas buenas; que luego están las malas sombras, sombras hechas con los mordiscos que da la vida… Sigue leyendo

El Señor de Bembibre.- Enrique Gil y Carrasco

La edición que yo tengo es de Clásicos Ebro (Editorial Ebro, Zaragoza.-1982), pero cualquier edición de la que dispongáis será una gran ocasión de disfrutar la prosa de Enrique Gil y Carrasco, este leonés del Bierzo, definido como el poeta de la melancolía que escribió en este género propio del romanticismo como es la novela histórica.

El espíritu romántico se manifiesta en sus facetas más singulares: la evasión de la realidad, el libre juego de la fantasía, la evocación de la Edad Media y la exaltación pasional (sic) (Prólogo de la edición Ebro).

El argumento de la novela trata de una historia de amor entre los jóvenes de dos grandes familias de la nobleza leonesa, una de ellas perteneciente a la poderosa Orden del Temple, cuyo maestre ocupaba el castillo de Ponferrada. La imposibilidad de llevar a buen puerto las relaciones y amores iniciados entre los jóvenes de la historia, desembocará en una serie de situaciones dramáticas entre las que, junto a la historia desgraciada de los amantes, se suceden los acontecimientos que irán minando y destruyendo el poder de los templarios.

Pero la belleza de esta novela, en mi opinión, se crece en las descripciones del paisaje, de manera que éste, lejos de aburrirnos o poner trabas a la narración, cobra singular importancia, se fusiona con la historia de manera genial y llega a ser, por derecho propio, un personaje más de la novela.

Magnífico nuestro paisano Enrique Gil y Carrasco.

González Alonso