La Fuente de la Salud

La Fuente de la Salud 

Se cuenta  en Los Barrios de Gordón, un pueblecito de la montaña leonesa, que un paisano tenía un caballo muy bueno al que apreciaba mucho y que un día, sin saber cómo ni por qué, el caballo enfermó y no había forma humana de hacerle recuperar la salud. 

El dueño del caballo estaba desesperado y triste. Los vecinos, viéndolo tan abatido, le aconsejaban que sacrificara a la pobre bestia y se olvidara de la desgracia que le acongojaba. Pero el hombre no quería escuchar los consejos que le daban con la mejor intención del mundo y, mirando a su caballo, decidió que no le daría la muerte por su mano para acabar con la enfermedad que le aquejaba de manera tan irremediable; así que un día, bien de mañana, en los albores del otoño y envuelto en la bruma que se arrastraba hasta el pueblo, el buen hombre fue a la cuadra, le habló a su caballo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y lo condujo, triste, hasta la salida del pueblo para dejarlo en los alrededores de una fuente cercana a unos pastos altos. 

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Polma y Curienno

Leyenda de Polma y Curienno

A los romanos no les resultó fácil la conquista de unas tierras encrespadas de riscos y montañas defendidas por las tribus astures que poblaban el actual territorio leonés. Para defender el oro de Las Médulas plantaron en estas tierras la Legio VI y luego la Legio VII que, con el paso del tiempo y durante la Edad Media, darían nombre al Reino de León.

Pero si los guerreros astures supieron mantener una guerra larga contra el imperio romano para defender sus valles y sus poblados, cuando la razón de la lucha era el amor, nada les hacía retroceder. Así ocurrió que estando Curienno, uno de los bravos guerreros de las montañas, enamorado de la bella Polma, se dio la circunstancia de que el cónsul romano Canioseco fuera a fijarse también en la joven doncella astur y, prendado de su singular hermosura, decidiera llevársela al campamento de León con la determinación de tomarla por esposa.
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